lunes, 19 de septiembre de 2016

Veinte años no es nada... hmmm

Hoy con mi tacita de café a la mano, termino de orar y leer el Aposento Alto de este día que aparece en la edición impresa en inglés. Es diferente al de la edición digital en español pero al recibir el Aposento de manos de una buena amiga, como regalo en un día de esos muy difícil en el Seminario, me comprometí a usarlo hasta el final.
Antiguas Anclas. Tomado de www.taringa.net

La historia es la de una abuela cuyo nieto ama los barcos e imagina en su balcón que esta en uno y actúa su sueño. Al ver una roca con una placa de bronce en el camino, el niño entusiasmado grita "un ancla, un ancla." No le dice su abuela, no es un ancla es una cruz. No, insiste el niño: ¡es un ancla! Su abuela luego recuerda las palabras de la Biblia de como tenemos un ancla atada a la Roca sumergida fuertemente en el Amor del Salvador. Nada nuevo... me dije.

La historia es de Priscilla Owens del 1882. Y esto es lo que me impactó.

Ciento treinta y cuatro años desde que esta historia sucedió y se plasmó en un escrito que hoy, ilumina mi camino en este día. ¡Vaya las causalidades,... (perdón casualidades)! En una de las canciones de Carlos Gardel que mi abuela escuchaba dice que 100 años no es nada... ¡upps digo 20 años! (necesito mas café) con la idea de un devenir del tiempo que se pierde. Si y no; me digo a mi misma. Veinte, 30, 40, 100 años no es nada en el amplio movimiento del tiempo y de la historia humana, pero a la vez es mucho. Mucho, porque es nuestra vida, nuestro efímero momento, que al saber que aún en ese huidizo y breve momento estamos anclado en algo mas permanente, eterno y fiel, dirige nuestro corazón a alcanzar cosas permanentes, a realizar nuestros sueños, a navegar pues en la imaginación de la historia que quedará plasmada para que otros y otras también se puedan anclar.

Hoy, lunes principio de una semana de trabajo y de actividad; oro a Dios para que me ancle en Jesús. Para que en las cosas sencillas de esta semana vea Su presencia, afinando y fijando mi ser en él. ¡Que la pasen bien!


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