domingo, 29 de mayo de 2011

Esperando, esperando el fin...

Mientras algunos esperaban el fin del mundo en Times Square (y me imagino que en PR también. Mi hermana me aviso que la noticia estuvo de primera en los canales de la tele) dos indígenas huicholes wixáritari, de la tierra sagrada Wirikuta (desierto de San Luis Potosí), luchaban por presentar su caso ante la ONU para defender su tierra del asalto de la transnacional First Majestic Silver. Dos visiones completamente opuestas del mundo, del futuro y de la vida. ¿En cuál de las dos estamos ubicados/as? ¿Que tiene que ver nuestra opción por la vida (y por la eternidad) con todo esto?

 ¿Que tiene que ver que una empresa destruya, contamine y viole las tierras de unos cuantos "pobres" indígenas para sacar la plata que usamos, que queremos lucir o que queremos almacenar para cuando este sistema económico se caiga; con los grupos cristianos que ya se quieren ir al cielo?
 
Yo pienso que mucho. En las clases de escatología analizamos las vertientes teológicas más importantes y conocidas sobre la consumación del reino de Dios (o sea, la compleción de las promesas divinas). Nos dimos cuenta de las barbaridades que se manejan en las iglesias y como las interpretaciones del final de los tiempos corren contrarias al sentir y querer de Jesús, y desviadas de la mayoría de los textos que manejan este tema.

En estos últimos años las iglesias se enfocan en los textos apocalípticos para calmar las ansiedades de las masas de evangélicos/as que enfrentan el caos del mundo presente (drogas, desempleo, crisis financieras, desastres ecológicos, etc.) y enfatizan el individualismo egoísta (sálvate tu) o la evangelización desencarnada (predicación a diestra y a siniestra). Sin embargo, estos textos son una minoría en el testamento bíblico; y de por sí aún los autores del NT moderaron las reflexiones en torno a estos temas para que los creyentes no se obsesionaran con el tema (sacar las fechas del fin vs confiar; entrar en ansiedad vs sobriedad;  I Tes 5:1-2, 8, 2 Tes 2:2-3, 3:10), y dejaran de hacer precisamente lo que tienen que hacer, o sea SERVIR y SER RESPONSABLES CONSIGO MISMOS Y CON SU COMUNIDAD (2 Tes 3:13, 2 Tim 3:12, 14, Sant 1:27).

Mucho antes de los primeros escritos calificados de "apocalípsis" (en la Palestina del siglo III y II AC respondiendo a la crisis de Antióco Epífanes IV y al pesimismo extremo de ese momento), los profetas escribieron largo y tendido sobre las promesas del futuro para Israel y el mundo.

Contrario a la apocalíptica enfocada en un destino fijo y ultramundano, en un hacer de Dios destructivo y recreador sin intervención humana; las promesas proféticas se enfocan en la vida del más acá, en la necesidad humana personal y comunitaria, y en la colaboración divino-humano. Nacen de la vida porque el/la profeta/isa reflexionó las acciones y decisiones estatales, y de los imperios que definieron políticas que afectaron la vida de estas comunidades. Los/as profetas/isas resistieron y actuaron desde y para la sobrevivencia del pueblo. Contrario a la apocalíptica, las promesas proféticas son para un mañana intrahistórico y requieren de la colaboración de los creyentes.

La profecía bíblica de los siglos 8-6 reinterpreta y resignifica la promesa fundante a Abraham (y por supuesto a Israel) de Gen 12:1-4 ante la cambiante realidad histórica. La promesa nutre la esperanza en la diversidad de situaciones y contextos históricos pero los/las profetas/isas amarran las promesas a acciones – hay responsabilidad del pueblo – hay requisito, condiciones – para que la promesa se cumpla. (Nocke, 1984)

La apocalíptica interpretada de manera literal nos libera de la responsabilidad de construir con Dios el reino en medio nuestro (el todavía no de Dios). La acción le toca a Dios y nosotros/as solo debemos perseverar (o sea mantenernos fieles - ¿? oración, ayunos, evangelización como proclamación, etc.) Nada de meternos a las luchas sociales o de resistir las propuestas políticas que dañan al pueblo, o de amar suficiente la tierra para sacrificar mi estilo de vida. Esto es propio de una época de inseguridad, crisis e inestabilidad donde perdemos la fe en la capacidad humana para sostener la vida; pero también donde nos hemos aceptado el discurso de un sistema que nos mantiene "ocupados" con los chismes del día, con el fin del mundo, con las películas o la tele. La apocalíptica da consuelo porque nos permite mantener a Dios cercano, no nos abandona en medio de un momento histórico caótico, donde la presencia de Dios se nos pierde; pero también porque no me toca a mí hacer mucho para salir del atolladero - solo permanecer fiel.  (Quizás una pregunta reflexiva sería ¿fiel a qué?)
 
Sin embargo, el/la cristiano/a debe entender con sabiduría el peso de los textos bíblicos y reflexionar con madurez su significado para este, nuestro momento histórico. Por eso, la acción de estos indígenas corren mas cercano al corazón de Dios y su anhelo de vida, que los que estuvieron esperando el fin, pasivos (bueno quizás orando, llorando o en ansiedad; o quizás alegres y esperanzados de que al fin todo se acabará).

En estos momentos tan precarios en la vida de tantos miles de personas en el mundo, es cuando menos el/la cristiano/a debe "estar esperando el fin" en el sentido apocalíptico tradicional. Al contrario es cuando hay que actuar y "perseverar" en el significado profundo de la palabra: per se (por si mismo, por su propia voluntad) verancia - veramus o verum (verdad, realidad) o vera (adyacente, fuera) y cia (relativo a). Por nosotros/as mismos/as continuar con el compromiso con la realidad. Lo que está afuera nos llama a gritos (Rom 8:19) esperando nuestro compromiso de continuar sin desmayar la obra que Jesús comenzó y nos encomendó.  

Por eso estos indígenas dieron un paso más claro y contundente hacia la creación de otro mundo, donde quepamos todos/as y donde las relaciones reflejen el querer de Dios, que los que esperaron. Nocke llama a esto buscar la “paz” en su sentido bíblico más completo – relaciones sanas entre todos los vivientes, ser humano y Dios, seres humanos y sus prójimos, entre los pueblos, ser humano y la naturaleza, ser humano consigo mismo/a. No se puede hablar de consumación del individuo sin hablar también de consumación de todo el mundo.

Ojalá y no sigamos esperando el dichoso fin y hagamos lo que nos toca por construir un mundo digno, justo y cercano al sueño de Dios... hmmm al fin y a la postre si llega... pues que nos encuentre el Señor haciendo lo que nos mandó ¿no? 

Eso si, los que quieran seguir esperando, ansiando y soñando la reprogramación del fin del mundo para octubre (según un tal Harold Camping), pues buena suerte. Yo digo como Josué... "yo y mi casa serviremos a Yhwh."

Les dejo el enlace de la noticia de estos compañeros "Indígenas llevan a EU y Canadá su lucha contra transnacional minera," La Jornada. http://www.jornada.unam.mx/2011/05/29/sociedad/033n1soc y les recomiendo la lectura de Franz-Josef, Nocke. Escatología Barcelona: Herder, 1984.

Hmmm... este es el fin para mí que necesito otra tacita de café. :)

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